Procrastinar, ¿asunto del manejo de las emociones?

La procrastinación no es un defecto del carácter o una maldición misteriosa que ha caído en tu habilidad para administrar el tiempo, sino una manera de enfrentar las emociones desafiantes y estados de ánimo negativos generados por ciertas tareas.

“La procrastinación es un problema de regulación de emociones, no un problema de gestión del tiempo”

La autoconciencia es una pieza clave para entender por qué procrastinar nos hace sentir mal. Cuando procrastinamos, no solo estamos conscientes de que estamos evadiendo la tarea en cuestión, sino también de que hacerlo es probablemente una mala idea. Y aun así, lo hacemos de todas maneras.

La procrastinación no es un defecto del carácter o una maldición misteriosa que ha caído en tu habilidad para administrar el tiempo, sino una manera de enfrentar las emociones desafiantes y estados de ánimo negativos generados por ciertas tareas: aburrimiento, ansiedad, inseguridad, frustración, resentimiento y más.

Explicado de manera sencilla, la procrastinación es enfocarse más en “la urgencia inmediata de administrar los estados de ánimo negativos” que en dedicarse a la tarea.

La naturaleza particular de nuestra aversión depende de la tarea asignada o la situación. Podría ser debido a que la tarea misma es inherentemente poco placentera, como tener que limpiar un baño sucio u organizar una aburrida y larga hoja de cálculo para tu jefe. Sin embargo, también podría resultar de sentimientos más profundos relacionados con la tarea, como dudar de uno mismo, tener baja autoestima, sentir ansiedad o inseguridad. Cuando fijas la mirada en un documento en blanco, tal vez estás pensando: “No soy lo suficientemente inteligente para escribir esto. Incluso si lo soy, ¿qué opinará la gente de él? Escribir es tan difícil. ¿Qué pasa si lo hago mal?”.

Todo esto puede llevarnos a pensar qué hacer a un lado el documento y en cambio limpiar los frascos de la alacena es una muy buena idea.

“La procrastinación es el ejemplo perfecto del sesgo del presente, la tendencia de nuestra mente a dar prioridad a necesidades a corto plazo en vez de las de a largo plazo”

Debemos darnos cuenta de que, en esencia, la procrastinación es un asunto de emociones, no de productividad. La solución no involucra descargar una aplicación de gestión de tiempo o aprender nuevas estrategias de autocontrol. Tiene que ver con manejar nuestras emociones de una manera diferente.

“Nuestros cerebros siempre están buscando recompensas relativas. Si tenemos un círculo de hábitos alrededor de la procrastinación pero no hemos encontrado una mejor recompensa, nuestro cerebro continuará haciéndolo una y otra vez hasta que le demos algo mejor que hacer”.

En el caso de la procrastinación, tenemos que encontrar una mejor recompensa que evadir, una que pueda aliviar nuestros sentimientos desafiantes en el presente sin causar daño a nuestros yo del futuro. La dificultad de romper la adicción a procrastinar en particular es que existe un número infinito de acciones sustitutas potenciales que todavía podrían ser formas de procrastinación.

5 TIPS PARA DEJAR DE POSTERGAR LO IMPORTANTE Y EMPEZAR A TRABAJAR

Para que ésta herramienta tenga un impacto mucho más efectivo en las personas es necesario tomar consciencia de nuestra propia responsabilidad ante los resultados que estamos obteniendo, sea el ámbito que sea.

1) Si lo que vas a hacer te dilata menos de 2 minutos no lo planees, hazlo.

2) Conviértelo en una rutina, eso permite que no se planifique, pero que se vuelva parte de tu vida. Puedes ir marcándolo cada día con una X en tu calendario sin romper la rutina.

3) Si te metes en problemas de falta de tiempo por que a todo dices que sí, aprende a decir no. Eso dejará espacio para lo que realmente tienes qué hacer.

4) Analiza preguntándote, ¿Es importante? Una vez que detectes su nivel de relevancia, divídelas en pequeñas metas para poder alcanzarlas de la mejor manera.

5) Por último, evita distracciones cercanos como celular, televisión e incluso el acceso a internet para que únicamente te concentres en lo qué tienes que hacer.

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